lunes, 9 de diciembre de 2013

BUSCA AYUDA




Encuentra lo positivo de cada hecho así sea catastrófico. Y si no puedes salir… busca ayuda.

Como un accidentado que llega con las piernas rotas, derrame interno y conmoción cerebral, así llegas al psicólogo, terapista, coach, sacerdote, guía o buen amigo... Puedes ir antes del “accidente” que sería preventivo, pero normalmente no somos así. Esperamos a estar ahogados para pedir una balsa.

Hay que proponerse un reformateo o reprogramación de nuestro esquema cerebral. Con esa petición mental, el momento llega y las cosas se dan. Alguien en el cosmos está preocupado por ti y te abre el camino.

Pide ayuda.

Al poner sobre el tapete tu caso, éste ya comienza a desenredarse. Es un primer alivio. Todo está congestionado, hay demasiada carga emocional, tantos apegos y esquemas sobrepuestos como un rascacielos.

Es tan dulce el oyente para guiarte hacia tu interior. Y es tan liberador hablar ante una persona que no te juzga.

Desapegarse de todo es el primer consejo. Tu trabajo, tus hijos, tu pareja, todo puede terminar de un momento a otro. Entrega todo. Cuando te vacías, empiezas a ver con claridad.
Dios te llevó a cada acontecimiento de tu vida, lo permitió. “Más sin embargo” (está en comillas porque es la frase delicada que utiliza mi guía para argumentar mis comentarios) aunque fue para tu crecimiento espiritual, todo tiene su ciclo hasta que termina. Hay personas y circunstancias que te acompañan toda la vida, otras no.

No temas acercarte al Maestro a pedirle consuelo y protección. Tú no eres más que un niñito frente a él. Él lo ha permitido todo. No temas beber de la fuente de vida.

-El Maestro te mandó acá.
-¡Sin duda!

Desapégate de todo y empieza a confiar en la fuente de vida. Esa es la primera lección.



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